Con el tiempo, muchos padres llegan a una conclusión parecida: nadie nos enseñó a acompañar emociones. No de forma práctica, no en lo cotidiano, no cuando las cosas se ponen difíciles.
Aprendimos normas, aprendimos a comportarnos, aprendimos a controlar lo que se veía desde fuera. Pero pocas veces alguien nos mostró qué hacer con lo que pasaba por dentro, especialmente cuando era intenso o incómodo.
Por eso, cuando un niño llora, se enfada o se desborda, no solo estamos gestionando su emoción. También estamos enfrentándonos a algo que no tuvimos que aprender antes.
Criar sin referentes claros
Muchos adultos intentan acompañar mejor de lo que fueron acompañados. Quieren hacerlo con más calma, con más presencia, con menos dureza. El problema es que no siempre tienen un modelo claro de cómo se ve eso en la práctica.
Entonces prueban. Ajustan sobre la marcha. A veces reaccionan como no querían. Otras veces aciertan sin saber muy bien por qué. Todo ese proceso suele vivirse con mucha exigencia interna.
No porque no haya intención, sino porque se está aprendiendo mientras se hace.
Las frases que salen solas
En momentos de tensión, suelen aparecer frases automáticas. No son fruto de una reflexión consciente, sino de lo que escuchamos una y otra vez cuando éramos pequeños.
No significa que estén mal dichas desde la intención. Significa que pertenecen a otro contexto, a otra forma de entender las emociones.
Revisarlas no es rechazar nuestra historia. Es reconocer que hoy sabemos más y que podemos elegir responder de otra manera cuando algo no encaja.
Acompañar también es mirarse
Acompañar emociones infantiles no es solo una tarea hacia el niño. Es también un proceso para el adulto. Porque el llanto, la rabia o la frustración del niño suelen activar cosas propias: prisa, incomodidad, miedo a hacerlo mal.
Muchas veces lo más difícil no es sostener la emoción del niño, sino tolerar lo que esa emoción despierta en nosotros.
Entender esto suele aliviar mucha culpa. No todo es falta de herramientas; a veces es falta de espacio para mirarse sin juzgarse.
No existe una forma perfecta de hacerlo
Existe la idea de que hay una manera correcta de acompañar emociones y que desviarse de ella tiene consecuencias graves. Esa idea genera mucha presión y poco margen real.
En la práctica, acompañar emociones es algo imperfecto. Incluye errores, respuestas poco acertadas y momentos en los que el adulto no está disponible como le gustaría.
Lo importante no es evitar esos momentos, sino poder volver. Reparar. Recolocarse. Seguir presentes.
Eso también forma parte del aprendizaje emocional del niño.
Lo que los niños acaban aprendiendo
Los niños no observan solo cómo reaccionamos cuando todo va bien. Observan qué hacemos cuando nos equivocamos, cuando nos desbordamos o cuando algo no sale como esperábamos.
Aprenden si seguimos ahí.
Aprenden si la relación se repara.
Aprenden si las emociones no rompen el vínculo.
Ese aprendizaje no depende de hacerlo perfecto, sino de hacerlo de forma suficientemente constante.
Para cerrar
Quizá nadie nos enseñó a acompañar emociones de forma consciente. Pero eso no significa que no podamos aprender ahora.
Cada intento cuenta. Cada ajuste. Cada momento en el que el adulto se detiene y responde con un poco más de presencia que la vez anterior.
No es un proceso rápido ni limpio. Pero es real. Y en la crianza, eso suele ser más que suficiente.
No estás criando mal: estás criando a un niño con emociones
Hay días en los que todo parece una señal de que algo va mal. El niño llora sin motivo aparente, se enfada por cosas pequeñas, no se calma cuando esperabas que lo hiciera. Y
Qué hacer cuando un niño no se calma contigo
Hay momentos en los que haces todo lo que se supone que ayuda. Te acercas, hablas con calma, repites lo que siente, te quedas presente. Y aun así, tu hijo no se calma. Llora
Rutinas emocionales: pequeños hábitos que ayudan a un niño a sentirse seguro
Muchos padres piensan en las rutinas como una forma de organizar el día: horarios, normas, repeticiones. Pero hay otro tipo de rutinas que no se notan tanto y, sin embargo, pesan mucho más. No
Por qué repetir lo que siente un niño calma más que explicarle lo que pasa
Cuando un niño está desbordado, muchos adultos hacemos lo mismo casi sin pensarlo: explicamos. Decimos por qué no ha pasado nada, qué debería hacer o cómo podría sentirse mejor. Y aun así, el llanto
¿Cuántas emociones puede entender un niño según su edad? Una orientación realista
Muchos padres se preguntan si su hijo “ya debería” entender ciertas emociones. Si es normal que no sepa explicar lo que siente, si va retrasado o si algo se les está escapando. Estas dudas
No estás criando mal: estás criando a un niño con emociones
Hay días en los que todo parece una señal de que algo va mal. El niño llora sin motivo aparente, se enfada por cosas pequeñas, no se calma cuando esperabas que lo hiciera. Y
Qué hacer cuando un niño no se calma contigo
Hay momentos en los que haces todo lo que se supone que ayuda. Te acercas, hablas con calma, repites lo que siente, te quedas presente. Y aun así, tu hijo no se calma. Llora
Rutinas emocionales: pequeños hábitos que ayudan a un niño a sentirse seguro
Muchos padres piensan en las rutinas como una forma de organizar el día: horarios, normas, repeticiones. Pero hay otro tipo de rutinas que no se notan tanto y, sin embargo, pesan mucho más. No
Por qué repetir lo que siente un niño calma más que explicarle lo que pasa
Cuando un niño está desbordado, muchos adultos hacemos lo mismo casi sin pensarlo: explicamos. Decimos por qué no ha pasado nada, qué debería hacer o cómo podría sentirse mejor. Y aun así, el llanto
¿Cuántas emociones puede entender un niño según su edad? Una orientación realista
Muchos padres se preguntan si su hijo “ya debería” entender ciertas emociones. Si es normal que no sepa explicar lo que siente, si va retrasado o si algo se les está escapando. Estas dudas






