Hay días en los que todo parece una señal de que algo va mal. El niño llora sin motivo aparente, se enfada por cosas pequeñas, no se calma cuando esperabas que lo hiciera. Y aunque racionalmente sabes que los niños tienen emociones, por dentro aparece otra idea más dura: quizá no lo estoy haciendo bien.

Ese pensamiento no suele venir de una teoría ni de una comparación concreta. Aparece en el cansancio, en la repetición, en los momentos en los que nada funciona como esperabas. Y duele porque toca algo muy profundo: el miedo a estar fallando justo donde más importa.

Este artículo no intenta convencerte de que todo está bien todo el tiempo. Intenta poner palabras a algo más honesto: criar a un niño con emociones intensas no es criar mal. Es criar a un niño que siente, que todavía no sabe regularse y que necesita tiempo, acompañamiento y margen.

Criar con emociones no se parece a lo que imaginábamos

Antes de tener hijos, muchos imaginamos la crianza como algo más ordenado. Pensamos en normas, en ejemplos, en enseñar poco a poco. Pero la realidad emocional es mucho más desordenada. No sigue una línea ascendente ni responde bien a la lógica adulta.

Un niño no llora porque no entienda. Llora porque siente. No se enfada porque quiera desafiarte, sino porque algo le supera. Y eso ocurre incluso en entornos seguros, incluso con adultos disponibles, incluso cuando “todo está bien”.

Cuando la crianza se mide desde fuera, la emoción parece un problema a resolver. Desde dentro, es otra cosa. Es un proceso largo, irregular y profundamente humano.

Cuando el problema no es el niño, sino la expectativa

Gran parte del malestar de los adultos no viene de lo que hace el niño, sino de lo que esperábamos que pasara. Esperábamos que se calmara antes. Que entendiera antes. Que necesitara menos.

Cuando esas expectativas no se cumplen, la emoción del niño se mezcla con la frustración del adulto. Y ahí aparece la culpa. No porque estemos haciendo algo terrible, sino porque estamos midiendo el proceso con una vara que no encaja con la infancia real.

Los niños no avanzan hacia la regulación como quien sube una escalera. Avanzan con idas y vueltas, con días tranquilos y otros caóticos, con momentos de gran conexión y otros de choque.

Nada de eso invalida la crianza. La describe.

Acompañar emociones no siempre se nota

Hay una trampa silenciosa en la crianza emocional: creer que si acompañamos bien, el resultado debería verse. Que el niño debería calmarse, agradecerlo o aprender rápido. Pero muchas de las cosas más importantes no dejan huella visible inmediata.

Acompañar una rabieta que no baja. Estar presente en un llanto que no se apaga. Repetir lo mismo cien veces sin que parezca servir. Todo eso construye algo, aunque no lo confirme el momento.

Lo que se construye no es obediencia ni calma instantánea. Es algo más profundo: la experiencia repetida de no quedarse solo cuando algo se desborda.

Eso no se nota hoy. Se nota con el tiempo.

Criar bien no es criar sin conflicto

Criar bien no es evitar las emociones difíciles. No es tener días siempre equilibrados ni respuestas perfectas. Criar bien es seguir estando ahí incluso cuando la escena no encaja con la imagen que teníamos de nosotros mismos como padres.

Hay niños más intensos, más sensibles, más reactivos. No porque algo vaya mal, sino porque así es su manera de estar en el mundo. Criarlos no requiere hacerlo mejor, sino hacerlo con más comprensión y menos autoacusación.

Si hay algo que conviene recordar es esto:
un niño con emociones intensas no es una prueba de una mala crianza.
Es una invitación difícil, agotadora a veces a una crianza más humana.

Para quedarse con una idea clara

Si hoy te preguntas si estás criando mal, probablemente no lo estés haciendo. Probablemente estés criando a un niño real, con emociones reales, en un proceso que no es limpio ni previsible.

Criar no es controlar emociones. Es sostenerlas mientras el niño aprende, poco a poco, a convivir con ellas. Y eso no siempre se nota, no siempre se agradece y no siempre se siente bien.

Pero cuenta.
Cuenta mucho.

¡Comparte esta historia, elige tu plataforma!