Las rabietas en público no son iguales que las que ocurren en casa. No porque el niño sea distinto, sino porque el adulto lo es. Aparecen las miradas, el ruido, la sensación de estar haciendo algo mal delante de otros. Y, casi sin darnos cuenta, el foco se desplaza del niño a todo lo que nos rodea.

Este artículo no va de técnicas para “controlar” una rabieta en la calle. Va de sostener al niño sin perderte a ti en el intento.

La vergüenza no aparece por la rabieta

La vergüenza suele aparecer antes incluso de que sepamos qué hacer. No nace del llanto del niño, sino de la idea de que estamos siendo observados y evaluados.

No suele ser un pensamiento explícito, sino algo más sutil:
“Debería poder manejar esto mejor”,
“Están pensando que no sé educar”,
“Tengo que hacer que pare ya”.

Ese ruido interno pesa mucho. Y cuando pesa, empuja a actuar deprisa.

Cuando el público entra en la escena, cambia la prioridad

En casa, es más fácil acompañar. En la calle, el entorno mete prisa. El adulto empieza a responder no tanto a lo que el niño necesita, sino a lo que cree que los demás esperan.

Ahí es cuando aparecen respuestas que, en frío, quizá no elegiríamos: hablar más alto, explicar de más, prometer cosas que no queremos cumplir o cortar la situación de forma brusca solo para que termine.

No es falta de criterio. Es presión social.

Recordar a quién estás acompañando

En medio de una rabieta en público, ayuda volver a una idea sencilla:
el niño no sabe que está en público.

Su cuerpo está viviendo lo mismo que viviría en casa. Lo único que ha cambiado es el contexto del adulto. Recordar esto permite recolocar prioridades: primero el niño, después las miradas.

No se trata de ignorar el entorno, sino de no dejar que decida por ti.

Qué suele ayudar en espacios públicos

Acompañar fuera de casa tiene sus límites reales. No siempre se puede hacer todo lo que haríamos en un entorno tranquilo. Aun así, hay pequeñas decisiones que suelen aliviar más de lo que empeoran.

Reducir la escena.
Si es posible, apartarse a un lugar más tranquilo: una esquina, un portal, un banco. No para esconder la rabieta, sino para bajar estímulos.

Hablar menos, no más.
En público tendemos a explicar de más. Frases cortas, repetidas si hace falta, suelen ser más reguladoras que discursos largos.

Mantener el límite con calma.
Cambiar un “no” solo para que la rabieta termine rápido suele añadir confusión después. A veces el límite se sostiene… y la rabieta también.

Aceptar la incomodidad.
Acompañar una rabieta en público rara vez se siente bien. No hay forma elegante de hacerlo. Asumir esa incomodidad reduce la urgencia de “arreglarlo”.

Lo que las miradas no cuentan

Desde fuera, nadie ve el día completo del niño. No ven si está cansado, si durmió mal, si ha tenido cambios, si está aprendiendo algo difícil. Solo ven unos minutos.

Tomar distancia de esas miradas no significa despreciar a los demás, sino no construir decisiones importantes a partir de información incompleta.

No todo momento público es un momento educativo

A veces, en público, lo más sensato es acompañar lo justo y dejar la reflexión para después. No todo se tiene que resolver ahí mismo. No todo límite necesita explicación inmediata.

La educación no se mide por cómo se ve desde fuera, sino por la coherencia que se sostiene en el tiempo.

Cuidarte también es parte del acompañamiento

Sentir vergüenza, enfado o agotamiento en estas situaciones no te convierte en mal padre o madre. Te convierte en humano.

Si después de una rabieta en público te sientes removido, cansado o cuestionado, eso también merece cuidado. Acompañar no significa anularse.

Acompañar sin espectáculo

Una rabieta en público no es un examen. No hay que demostrar nada. No hay que hacerlo perfecto. Hay que estar, sostener lo posible y seguir adelante cuando el momento pasa.

A veces acompañar bien en público significa simplemente no añadir más peso a una situación ya difícil.

En el siguiente artículo cerraremos la semana con una herramienta práctica: un checklist emocional antes de corregir una conducta, pensado precisamente para esos momentos en los que la presión es alta y el margen es pequeño.

¡Comparte esta historia, elige tu plataforma!